No hay color

Los modismos son, según el diccionario de la RAE, una “expresión fija, privativa de una lengua, cuyo significado no se deduce de las palabras que la forman”. Pueden ser frases y dichos que emplean imágenes, historias o referencias culturales para explicar una idea. En este sentido, confieso que me encanta la expresión ‘no hay color’. Es una frase que permite jugar con ella, que usamos coloquialmente para comparar una cosa con otra. Tanto es así que les diré, por ejemplo, que entre la seleccion española de futbol y otras no hay color.

Y puestos a rizar el rizo, voy a sugerirles que obviemos el factor color de la piel tanto en los asuntos deportivos como en los de las relaciones humanas. No lo hace el eurodiputado italiano de la Liga, Roberto Vannacci, cuando disertando sobre las sociedades multiétnicas, sostiene que la jugadora de voleibol, Paola Egonu, aunque posea la ciudadanía italiana, sus rasgos somáticos no representan la italianidad.

Los de Matteo Salvini son los campeones de la xenofobia. Argumentos los suyos que casan perfectamente con las tesis de diputados de Vox cuando describen algunos barrios de nuestras ciudades como ‘estercoleros multiculturales’ en los que ha desaparecido la ‘españolida’. Afortunadamente, la selección española cada vez se parece más al verdadero paisaje demográfico del país y de Europa. Que nadie se confunda: los extremos del equipo español, Lamine Yamal y Nico Williams, imprimen solidez ofensiva a un equipo en el que prima la calidad y no la genealogía.

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