Publicado el 17/05/2025 por Administrador
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Un reciente estudio elaborado por la Escuela Politécnica Nacional (EPN) confirma lo que muchos economistas han sostenido durante años: el crédito orientado a la inversión genera un efecto multiplicador mucho más potente en la economía que aquel destinado al consumo. En cifras, por cada dólar destinado al crédito productivo, la economía ecuatoriana recibe hasta siete veces más impacto en comparación con un dólar dirigido al gasto de los hogares.
El informe, titulado “Crédito bancario como motor del crecimiento económico en el Ecuador”, fue desarrollado por investigadores de los departamentos de Economía Cuantitativa y Matemática de la EPN. El estudio analizó datos económicos desde 2003 hasta mediados de 2024, con especial atención a la relación entre el crédito bancario y el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).
Los resultados no dejan lugar a dudas: cada dólar adicional otorgado al crédito productivo genera 90 centavos de valor agregado al PIB nacional. En cambio, un dólar destinado al consumo aporta apenas 12 centavos. Esto implica que, en términos de impacto económico, la inversión es siete veces más eficiente que el gasto de los hogares cuando se trata de movilizar el crecimiento.
Este hallazgo es particularmente relevante para el contexto actual, en el que se debate sobre cómo dinamizar la economía sin incrementar el endeudamiento público. La banca privada ha jugado un papel central: hasta 2024, su cartera de crédito creció un 9 %, alcanzando los $45.934 millones. De ese total, el 58 % fue canalizado hacia actividades productivas, mientras que el 42 % restante se destinó al consumo.
Según el análisis, un aumento del 1 % en el crédito para inversión impulsa el PIB en un 1,3 %, mientras que el mismo incremento en crédito de consumo solo genera un 0,18 % de crecimiento. Estas cifras respaldan la necesidad de que tanto políticas públicas como estrategias bancarias se enfoquen en potenciar líneas de financiamiento productivo.
Los investigadores advierten, sin embargo, que este efecto positivo depende de una asignación eficiente del crédito y de condiciones macroeconómicas estables. Una regulación prudente, sumada a criterios técnicos en la concesión de préstamos, es indispensable para maximizar el impacto del sistema financiero sobre el desarrollo económico.
Asimismo, el estudio señala que el crédito no solo es un vehículo para dinamizar el crecimiento, sino también una herramienta para promover la generación de empleo y la competitividad. Sectores como agricultura, manufactura, construcción y tecnología se benefician de forma directa cuando los recursos fluyen hacia la inversión.
En un país con necesidades urgentes de reactivación económica, este estudio ofrece una guía clara: apostar por el crédito productivo no solo es estratégico, sino esencial. Fomentar políticas que lo prioricen es una vía concreta para transformar cada dólar prestado en un motor de desarrollo.