Publicado el 29/06/2025 por Administrador
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Los ataques militares de Israel sobre la Franja de Gaza continúan sin tregua, incluso mientras crecen las voces que denuncian la insostenibilidad del sistema de reparto de ayuda humanitaria que, lejos de aliviar el sufrimiento civil, ha terminado convirtiéndose en una fuente de nuevos peligros. En las últimas 48 horas, la situación en el norte de Gaza se ha deteriorado rápidamente debido a la reanudación de bombardeos, desalojos forzados y muertes en zonas donde se concentra la distribución de alimentos.
Este fin de semana, las Fuerzas de Defensa de Israel ordenaron nuevas evacuaciones masivas en zonas como Ciudad de Gaza y Jabalia, al mismo tiempo que lanzaban ataques aéreos en busca de combatientes de Hamas. Según reportes médicos locales, al menos 23 personas murieron durante estas operaciones, incluyendo mujeres y niños.
Mientras tanto, la comunidad internacional ha expresado su preocupación por el sistema de distribución de ayuda establecido bajo coordinación de Estados Unidos e Israel, el cual ha sido calificado por el secretario general de la ONU, António Guterres, como “inseguro y mortal”. Desde su implementación, se estima que más de 400 personas han muerto o resultado heridas al intentar acceder a los puntos de entrega, muchos de ellos ubicados en zonas de combate o sometidos a fuego cruzado.
Uno de los episodios más mortales ocurrió en Rafah entre el 27 y el 28 de mayo, cuando al menos 549 personas murieron y más de 4.000 resultaron heridas tras disparos en masa mientras esperaban recibir alimentos. El ejército israelí ha afirmado que algunos operativos buscan evitar que la ayuda humanitaria sea desviada por milicianos, pero múltiples organizaciones han denunciado que no se ha presentado evidencia concreta que sustente esas afirmaciones.
Las investigaciones internas abiertas por las autoridades militares israelíes no han calmado las críticas. Diversos testimonios, imágenes y videos muestran a civiles desarmados siendo alcanzados por disparos mientras hacían fila para recibir asistencia, lo que ha provocado llamados a una revisión total del mecanismo de reparto y una mayor supervisión internacional.
La situación sanitaria también es alarmante. Más de la mitad de los hospitales en Gaza están fuera de servicio, y los que aún operan lo hacen en condiciones extremas, sin medicinas, electricidad ni espacio suficiente para atender a los heridos. La Cruz Roja y Médicos Sin Fronteras han advertido que el colapso del sistema de salud en Gaza pone en riesgo la vida de miles de personas.
Pese a las advertencias de la ONU, Estados Unidos ha continuado respaldando el actual sistema, incluso destinando 30 millones de dólares a la operación. Sin embargo, esta decisión ha generado roces con otras potencias y dentro de la propia Unión Europea, donde algunos miembros han planteado suspender el acuerdo de asociación con Israel si no se garantiza un acceso humanitario seguro y efectivo.
En los últimos días, se han reportado más incidentes fatales en los puntos de distribución. En Ciudad de Gaza, siete personas murieron cuando una bomba cayó cerca de una fila de civiles que esperaba alimentos. La escena se repite en varias localidades: bombardeos activos mientras familias hambrientas intentan sobrevivir.
A medida que las ofensivas continúan y los corredores humanitarios se reducen, el riesgo de hambruna generalizada crece. Gaza, asediada y fragmentada, se enfrenta a un colapso humanitario que parece avanzar más rápido que cualquier intento de solución política o diplomática.