Publicado el 15/06/2025 por Administrador
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El conflicto entre Rusia y Ucrania ha dado un nuevo y alarmante giro tras una oleada de ataques masivos perpetrados por Moscú y una contundente respuesta por parte de Kiev, que ha alcanzado por primera vez una planta rusa dedicada a la fabricación de drones militares.
Durante tres noches consecutivas, Rusia ha lanzado lo que se considera una de las ofensivas aéreas más intensas desde el inicio de la guerra. En total, más de 300 drones kamikazes, misiles de crucero y misiles balísticos fueron dirigidos contra varias regiones de Ucrania, incluidas Kiev, Járkov, Odesa y Poltava. En Kiev, los sistemas de defensa aérea lograron interceptar la mayoría de los proyectiles, pero algunos lograron impactar en edificios residenciales, causando al menos cuatro heridos leves.
La situación fue más crítica en Odesa, donde varios drones impactaron contra un hospital de maternidad, matando a dos personas e hiriendo a otras nueve. Las autoridades locales calificaron el ataque como un crimen de guerra y aseguraron que se trató de un objetivo civil claramente marcado.
Según fuentes oficiales, Ucrania logró derribar más del 80 % de los drones lanzados, una cifra que refleja la creciente eficacia de sus sistemas antiaéreos, muchos de ellos proporcionados por países de la OTAN.
En respuesta a la ofensiva rusa, Kiev lanzó un ataque de precisión contra una planta de fabricación de drones ubicada en la región de Tatarstán, en territorio ruso. Las imágenes difundidas por redes sociales y medios internacionales muestran un incendio de gran magnitud en las instalaciones de Yelabuga, sede de una de las fábricas estratégicas del programa de drones militares ruso. También se reportaron ataques ucranianos contra otras fábricas militares en Yelets y Vladimir.
Este contraataque ucraniano forma parte de la operación conocida como “Spider’s Web” (La Telaraña), una maniobra de inteligencia y sabotaje que ha tenido como objetivo paralizar la capacidad operativa aérea de Rusia desde dentro de sus propias fronteras. Fuentes ucranianas afirman que en una fase anterior de esta operación se logró inutilizar entre 10 y 20 bombarderos estratégicos rusos estacionados en bases aéreas dentro de Rusia.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha denunciado los ataques rusos como violaciones sistemáticas del derecho internacional humanitario, y pidió a la comunidad internacional incrementar las sanciones económicas contra Moscú, así como acelerar la entrega de sistemas defensivos avanzados.
Desde el Kremlin, en cambio, los bombardeos fueron justificados como "represalias necesarias" por lo que califican como "acciones terroristas" de Ucrania en territorio ruso. Moscú aseguró que sus ataques fueron dirigidos a instalaciones militares, aunque las evidencias sobre víctimas civiles han generado condena global.
Esta nueva escalada no solo recrudece la violencia del conflicto, sino que rompe un tácito límite que ambas partes parecían respetar: no atacar directamente infraestructuras estratégicas dentro del territorio central del adversario. Con Kiev golpeando fábricas rusas y Moscú bombardeando hospitales ucranianos, el conflicto entra en una fase aún más impredecible y peligrosa.
La comunidad internacional observa con creciente preocupación. Naciones Unidas ha convocado una sesión extraordinaria para abordar el repunte de la violencia, mientras líderes europeos temen que este intercambio directo de ataques en territorio nacional de ambos bandos eleve el riesgo de una guerra aún más amplia.